Penetrante y directa. La confusión se adentra por pupilas desdibujadas, que sin tu llanto frente a ellas se pierden en el mundo de recuerdos. Aquel que tú has creado y que absorbe y rasga, ofreciéndome cientos de dolores inciertos y sensaciones sangrantes. Desearía en ese momento cerrarlo todo y que tus ojos desaparecieran, que tu cuerpo se desintegrara, poco a poco. Como si nunca hubieras existido y nuestra historia fuera solo un burdo sueño del destino.
Escóndete de mí, hazlo de una vez. Desaparece de esos recuerdos y de las esperanzas que sangran más que tus propias palabras. La niña desdichaba y feliz que pensabas que era, aquí sigo, esperando que el recuerdo de tu mitad se desvanezca de una vida que nunca debió tenerte. Que nunca debió quererte.

