Cosas


Cosas. Inútiles y viejas. Estúpidas. Así como tú, que parece que te sonríen y te acercan con auras impregnadas de recuerdos, de deseos que nunca se han hecho realidad y que nunca van a hacerse. Cosas que no existen. Tú, que tampoco existes.

Las relaciones imaginarias que se producen en mi cabeza recuerdan los juegos de caleidoscopios. Uniformes y descontrolados. Pesadillas en forma de colores que se rebobinan, una y otra vez, volviendo al mismo punto del que nunca debieron partir. Tú, que tampoco debiste partir.

Sangras, de forma sofocante y lenta, como el fino haz del cuchillo sobre la piel blanca, como un rasguño del papel en la suavidad que te corroía. Como el llanto que desgarra tu recuerdo y lo convierte en algo inservible. Cosas… como el papel roto en mil pedazos.

Tú, que deberías romperte en mil pedazos.

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